Caso Alex Romero y las incongruencias en el Código de Ética

La riña tumultuaria del miércoles por la noche en Puerto La Cruz entre jugadores y técnicos de Caribes de Anzoátegui y Águilas del Zulia, en particular la agresión con un bate del jardinero de los rapaces Alex Romero al catcher de los indígenas Gabriel Lino, expone algunas incongruencias dentro del Código de Ética y Disciplina vigente en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.

De acuerdo con este reglamento, el castigo más severo aplicable a Romero por golpear con su madero a Lino es una suspensión por veinte juegos. Así lo dice el Código en el numeral 2 de su artículo 21, referido a causales de suspensión: “Quien intencionalmente o por imprudencia manifiesta haga contacto físico con cualquier manager, jugador, coach, fanático o personal de terreno será sancionado con una suspensión de 1 a 20 juegos, dependiendo de la gravedad e intencionalidad del hecho”. Esa es la máxima pena estipulada por agresión física. Hay medidas de mayor poder punitivo, pero ninguna podría invocarse para alguien que ataca con un bate al prójimo.

Por ejemplo, podrá ser suspendido, ¡y hasta por tres temporadas!, “quien declare, elabore, remita, o refrende datos estadísticos inexactos, falsos o que resulten desvirtuados sobre la

actuación de cualquier jugador”. Redactado así, de acuerdo con el Código, quien publique que un pelotero X tiene veinte jonrones en su carrera en lugar de ochenta puede sufrir una penalidad muchísimo más dura que una persona que carga con un bate contra otro en pleno terreno. Quien suscribe esta columna encuentra aquí una incongruencia, pues a todas luces es más grave “batear” a otro ser humano que falsear unos numeritos.

Y aquí hay otra incongruencia. Ya vimos cómo la medida más draconiana contenida en el Código de Ética por agresión física entre jugadores es una suspensión por veinte juegos (que se eleva hasta un tope de sesenta si la víctima es un árbitro). Ahora, si alguien relacionado con la LVBP hace declaraciones “sobre otro equipo” “que causen perjuicio o pongan en tela de juicio su actuación, o de algún modo deriven en provecho propio”, la sentencia puede ser un extrañamiento del circuito “hasta por tres temporadas”. Es decir, un delito de opinión es muchísimo más grave, a ojos del código, que la más violenta de las agresiones físicas.

Su propia normativa le impide entonces a la LVBP aplicar una sanción acorde con la magnitud de lo ocurrido con Romero en Puerto La Cruz. Pero la faculta para ser implacable a la hora de penar opiniones e inexactitudes estadísticas. Lo razonable sería endurecer, y

especificar, las medidas contra los agresores físicos y moderar las alusivas a señalamientos o acusaciones. Son temas que deberían revisar los equipos para la próxima temporada, de manera de contar con herramientas reglamentarias apropiadas con las cuales impartir justicia y cuidar el buen nombre y prestigio de la Liga, que resultan dañados por episodios como el que protagonizaron Caribes y Águilas, en particular por lo ocurrido con Alex Romero, un jugador de brillante desempeño en esta pelota y que ahora echa abajo la reputación que construyó durante casi veinte años de carrera.

FUENTE Carlos Valmore Rodríguez

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